Guía de Transformaciones Estéticas
misceláneas

Las mil formas del dolor

¿Qué te dolió más? ¿Qué sentiste? ¿Y si no me despierto de la anestesia? Es lo primero que la gente pregunta cuando habla con alguien que se hizo una Cirugía Estética. Hablamos aquí de esos miedos. La información es el primer paso para controlarlos.

Mucho se ha hablado del dolor, desde la literatura, incluso el arte, hasta la ciencia. Pero, en principio, podemos coincidir con la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor que lo define como una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con una lesión real o potencial de un tejido.

Existe una rama de la Psicología, llamada Psicología de la Salud, que ha investigado bastante sobre el tema. Esta ciencia llama umbral del dolor a la cantidad más pequeña perceptible de dolor sentida por el paciente, mientras que el umbral de estímulo es la cantidad de energía requerida para inducir un

Tolerancia al dolor es la intensidad máxima de dolor que podemos soportar.
umbral de dolor. Por lo tanto, un umbral de dolor alto significa que se necesita gran cantidad de energía para inducir dolor, y un umbral de dolor bajo significa que se necesita baja cantidad de energía para inducir dolor. Y tolerancia al dolor es la intensidad máxima de dolor que podemos soportar.


¿Sarna con gusto no pica?

La Psicología de la Salud hace una extensa clasificación respecto de los distintos tipos de dolor, pero para lo que a nosotros nos interesa nos detendremos en lo que llama “Dolor placentero”. Es aquel que puede actuar como vehículo de cierto placer al paciente. En este caso el dolor puede brindarnos cierto beneficio, es el caso de la sublimación del dolor en el parto, por ejemplo, en que la recompensa es nada menos que la llegada de un hijo.

La Psicología de la Salud hace una extensa clasificación en cuanto a los distintos tipos de dolor nos detendremos en lo que llama “Dolor placentero”.

Algo parecido ocurre con la Cirugía Estética. En una oportunidad, luego de una exitosa rinoplastia –cirugía de nariz-, al llegar a la habitación, una joven paciente se quejaba de los dolores. Su madre le contestó de muy buen humor “Sarna con gusto no pica”, refiriéndose al beneficio que obtendría luego de ese momento de dolor.

¿Será esta la actitud a tomar ante el miedo al dolor que una intervención estética pueda dar? ¿El beneficio, esa transformación que nos hace sentirnos mejor con nosotras mismas? La “ganancia” es ese espaldarazo que la Cirugía Estética le puede dar a una alicaída autoestima. ¿O no?


La anestesia

Hoy resulta impensable, no ya una operación sin anestesia, sino que el dentista nos saque una muela sin ella. Sin embargo hasta el año 1846, en que el doctor John C. Warren efectuó la primera operación indolora con éter, en el Massachusetts General Hospital de Boston, todas las intervenciones se realizaban así, a la que te criaste; a lo sumo se le daba al paciente mucho alcohol a beber para embriagarlo o un pedazo de madera para morder. De terror.

la Anestesia Local Tumescente (ALT), revolucionó todos los procedimientos que se realizan en Cirugía Plástica
Y ante la anestesia también hay actitudes dispares: están aquellos que no se dejan tocar un dedo sin que los duerman y los que tienen pánico de no despertarse más.

Pero como el mejor antídoto ante el miedo es la información, valen ciertos datos. Desde aquella operación con éter del Dr. Warren hasta hoy, la anestesia ha evolucionado enormemente gracias a la aparición de nuevas drogas, la nueva aparatología y la alta especialización de la medicina. En la actualidad, existen diferentes grados de anestesia:

A) la general, en la que el paciente es inducido a un coma farmacológico.

B) la regional, que bloquea diferentes nervios para que no duela una zona determinada.

C) y la puramente local, en que sólo se “duerme” la zona donde se realiza el procedimiento.


La más benigna

Es indudable que toda operación, hasta la más superficial, implica un riesgo; y ese riesgo está dado, entre otras cosas, por la anestesia. Por eso, los cirujanos plásticos, por lo general, prefieren utilizar la anestesia local porque reduce los riesgos, además de ser menos costosa para el paciente. Fue el Dr. Jeffrey Klein, en California, durante la década del ´80, quien desarrolló un nuevo tipo de anestesia, la Anestesia Local Tumescente (ALT), revolucionando todos los procedimientos que se realizan en Cirugía Plástica.

Por esta técnica se diluye el anestésico local (lidocaína) en grandes volúmenes de suero estéril, utilizándose para cada intervención el volumen justo y necesario que otorga al paciente una confortable analgesia durante la operación. Se usa una bomba de infusión que permite la introducción lenta e indolora del líquido anestésico en la zona a operar.


Las ventajas de la ALT son varias:

  • Hay menor sangrado, porque en la solución tumescente se usa adrenalina que contrae los vasos sanguíneos de la zona, reduciendo a un mínimo los hematomas.

  • La recuperación es más rápida y confortable. Se reduce el tiempo de convalecencia de varias semanas a días.

  • Es un anestésico de larga duración que permite al cirujano tomarse todo el tiempo necesario para remodelar el área, buscando y obteniendo el mejor resultado.

  • Al utilizar este sistema, el cirujano puede –en una Laserlipólisis, por ejemplo- quitar en forma segura grandes volúmenes de grasa.

  • Tanto las cirugías corporales –mamas, glúteos, abdomen, etc.- como las de rejuvenecimiento facial se han convertido en procedimientos mucho más accesibles al disminuir los costos y la recuperación.


La ciencia médica ha avanzado muchísimo para mitigar esa horrible sensación que es el dolor. Tanto que hasta se le puede perder el miedo.