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un largo camino,
Lifting
Se considera a Gaspar Tagliacozzi el padre de la Cirugía Plástica moderna porque en el siglo XVI fue el primero en realizar una Rinoplastia (cirugía de nariz) con criterios basados en conocimientos anatómicos, además de efectuar con éxito la plástica de las orejas y de los labios. Este profesor de de anatomía y cirugía en Bolonia, investigó sistemáticamente el tema pero sus estudios fueron condenados por los cirujanos de la época y la Inquisición que prohibía cualquier intento de enmendar la obra del Creador. Sin embargo, Bolonia lo recuerda con una estatua en que Tagliacozzi aparece con una nariz en su mano.
 

Hace unos 100 años aproximadamente

Pero más cerca de nuestros días, digamos a comienzos del siglo XX, el cirujano alemán Eugen Holländer realizó el primer lifting –llamado técnicamente ritidectomía- a una aristócrata polaca que le llevó un dibujo de cómo quería tener su cara. El cirujano retiró entonces
Erich Lexer, contemporáneo de Hollander, mejoró la técnica al estirar la piel dando un resultado más duradero y visualmente más agradable
pequeñas cantidades de piel en el nacimiento del cuero cabelludo y detrás de la oreja con resultados satisfactorios. Otro alemán Erich Lexer, contemporáneo de Hollander, mejoró la técnica al estirar la piel dando un resultado más duradero y visualmente más agradable. No era de extrañar que Lexer fuera también escultor, los grandes cirujanos cosméticos son considerados Michelangelos del bisturí.

La primera cirujana plástica fue la francesa Suzanne Noël, que operó a lo más distinguido de la sociedad parisina. Escribió el libro, La Chirurgie esthétique: Son rôle social con observaciones psicológicas, tal vez las primeras, que relacionan al paciente, el entorno social y la familia, con sus prejuicios y temores con la Cirugía Plástica. Sin embargo, el establishment médico de la época consideraba que “Dios no hizo su obra para que el hombre la remiende”, de modo que estas prácticas no estaban del todo bien vistas. Estamos en 1923 y la Rinoplastia de la actriz y cantante norteamericana Fanny Brice fue la comidilla de las revistas y los diarios de espectáculos. Esta Fanny es aquella Funny Girl que protagonizaría varios años después Barbra Streisand en el cine.

Claro que no todo fue rosas: se cuenta que por aquellos días otra que quiso mejorar su nariz fue la millonaria coleccionista de arte Peggy Guggenheim. En su autobiografía narra que
El SMAS fue aplicado por el brasileño Ivo Pitanguy que lo desarrolló entre sus selectos pacientes como Salvador Dalí y Betty Ford
quería una nariz tip-tilted like the petal of a flower (lo había leído en un poema de Tennyson y le sonaba bastante bien). En un momento de la operación -con anestesia local- el cirujano le confesó que no podría hacerle la nariz que ella quería y le sacó un muestrario para que escogiese otra. Muerta de dolor, abandonó todo en la mitad de la operación. Las malas lenguas dicen que le quedó una nariz “como una berenjena”. Parece que el dinero no lo puede todo.

Nuevas técnicas

Hasta bien entrada la década del 60 los resultados de los liftings no podían evitar esas “orejas de duende” y la típica mirada de “susto” que compartieron el millonario Paul Getty y la duquesa de Windsor, entre otros. En los 70 se produce un renacimiento del lifting con la incorporación de nuevas técnicas que limitan el extenso despegamiento cutáneo anterior, enfatizando el tratamiento en la tracción de los planos profundos musculares (SMAS y platisma), sin requerir tensión sobre la piel. Estos avances dieron lugar en una mejoría de los resultados especialmente en el cuello, así como mayor permanencia de los resultados en el tiempo. El SMAS fue un éxito que fue aplicado por el brasileño Ivo Pitanguy que lo desarrolló entre sus selectos pacientes como Salvador Dalí y Betty Ford, hasta llegar a las orillas del Plata para rejuvenecer al mismísimo Carlos Menem.

Todavía la técnica del lifting era invasiva, el gesto de “susto” permanecía, la recuperación era lenta y volver a la vida habitual llevaba unas dos semanas. Llegamos a los 90 y aparecen técnicas menos invasivas –cortes más pequeños, menos tensión en la piel - además de la anestesia tumescente que permiten recuperaciones más fáciles y breves y un aspecto más natural. Estos avances dieron pie a los famosos “toques a la hora del almuerzo” en que luego de un rato de la intervención es posible irse a casa y continuar con la vida normal, cosa que atrae sobremanera a las personas más jóvenes.

En la actualidad el lifting se ha “democratizado”: no solo las celebrities y los millonarios acuden a él, sino que está al alcance de todos aquellos que quieren retrasar el proceso de envejecimiento.

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